La competencia

Hoy llegó el día. Lo sé.
El día que hemos estado esperando todos. La competencia.
Nuestro padre la ganó. Se dice que fue dificilísima, que hubo miles de muertos, que los tuvo que pisar para llegar. Cuentan horrores de la pista. Que es un lugar de muerte, que el piso es resbaloso y ácido, o a veces hay veneno esperando, o lo peor de todo, lo más cruel: a veces no hay meta. A veces es solo una masacre, sin sentido aparente, como si los dioses se burlaran de nosotros, de nuestro esfuerzo, de nuestra preparación. Todos nos hemos preparado toda la vida para este momento, el momento de la prueba suprema.
Siento cierto nerviosismo en el preparativo. Mejor dicho, se siente en general. Tal vez sea porque gané que ahora lo cuento tan tranquilo, pero eso fue un horror, una carrera enceguecida hacia el final, pisando a mis hermanos con quien hasta ayer había jugado. Eran ellos o yo. Luche, golpeé, me retorcí, empujé, escalé.
De todo los que estábamos, fuimos seleccionados bastantes.
Nos llevaron a una recamara. Estaba tan nervioso que casi no mire como era, pero ví que era grande, y las paredes rojas, como lo habían sido en todos los lugares que estuve desde pequeño. Tal vez esa monotonía era para disciplinar nuestra mente.
¿Sabes donde estamos? - le pregunté al de al lado
No tengo la menor idea, somos todos de la misma generación.
Es cierto! Recién ahí lo noté: estábamos allí solos, todos jóvenes, sin ningún guía. Solos.
Dios! ¿Por qué nos hacen esperar? ¿No basta con todos los horrores que sabemos de la competencia? ¿No basta con los rumores que desde hace muchísimo tiempo que nadie ha ganado? ¿Tan terrible es que nadie la supera? ¿O se habrán burlado otra vez, y no habrán tenido la llegada, y habrán muerto sin rumbo, corriendo enloquecidos, muertos de hambre, o pisoteados, o consumidos en el ácido?
¿Que clase de dios cruel diseñó esto para nosotros? ¿Terminaríamos como nuestros antepasados?
No soy pesimista, ni veo la vida color negro. Lo que les cuento es REAL. LO ES.
Ahora que lo pasé, sé que tiene un sentido. En la meta, la salvación solo alcanza para uno. Todos los demás murieron irremisiblemente. Tal vez es para seleccionar al mejor de nosotros, pero pienso mil maneras distintas de hacerlo, sin matanza.
Eso es algo que me perseguirá toda la vida.
Quieren saber como logre llegar a la meta? Mas abajo tienen un mapa que dibuje con mis recuerdos, pero no sé si servirá, porque sospecho que la meta no esta siempre en el mismo lugar, sino que es cambiada (si es que hay).
Ahora que he pasado estas cosas, también he sabido el destino de muchas competencias, que no pudieron llegar a nosotros porque no dejaron a ningún sobreviviente. A nadie.
Me entere, por ejemplo, que muchas competencias terminan contra una barrera impenetrable, la meta del otro lado, pero inalcanzable, una de las torturas mas refinadas (supongo) ideada por algún ignoto dios sediento de venganza.
Sé también de otras carreras que han terminado en el vacío, en una caída interminable hacia la muerte por aplastamiento, o en un torrente vertiginoso, una vorágine de agua que se llevaba todo, más incontenible que los peores ciclones de tu planeta, lector.
Si, sé que estas ahí leyendo esto. Y estas ahí porque tengo algo que contarte.
A lo mejor no es conveniente ahora, primero quiero terminar con el asunto de la competencia.
Estábamos en la cámara, cuando fuimos dispuestos a lo largo del lanzador, que nos lanzaría con fuerza hacia el otro lado del abismo. Como éramos lanzados en grupos, no todos llegaban a agarrarse de la otra orilla, muchos caían allí.
De repente, con una furia repentina, el lanzador cumplió su tarea. Pobres, los que estaban cerca de la base fueron aplastados con la repentina aceleración, y nosotros salimos expulsados hacia la aventura.
El vuelo duró menos de un segundo, pero les juro que se siente como un siglo, el corazón en la boca, creyendo no tener suficiente impulso para llegar al otro lado.
Pero al fin, después de todo, llegué, ¿no? Estaba agarrado del borde. No hay tiempo, tengo que empezar a avanzar. Ahora! Fuerza, músculos, apretar los dientes y seguir.
No sé si les conté que tengo cola. Que todos tenemos colas. No somos humanos, no. No creo que los humanos permitieran esas muertes. Pero no me miren así, como un extraño. No pueden verme, solo estoy en este escrito, mis palabras no soy yo, no se asusten. Nunca me podrán ver. No en ESA forma. Tenía la piel blanca. Un medio humano. LITERALMENTE.
Seguí corriendo, pisando gente retrasada, pasándolos por arriba, hasta que llegue a un inmenso lugar. Enseguida abarque todo con la vista, y ví que solo había tres formas de salir de ese lugar, y de una había entrado yo, así que solo tenia que elegir entre dos caminos. Uno correcto, otro incorrecto. Uno, la vida. Otro la muerte. No, mejor dicho, uno LA POSIBILIDAD de la vida.
Elegí uno (el que estaba a mi izquierda) y seguí avanzando. Por lo que veía, era una gran curva. Hice un esfuerzo y avancé, avancé, avancé. Estaba entre los primeros. El suelo era ácido. Me quemaba, me despellejaba, pero debía seguir. SENTÍA que la meta estaba cerca.
Y allí la vi. Estaba la meta, pero estaba rodeada de algunos que habían llegado antes que yo, pero nadie había podido acceder a ella. Ahí descubrí que además de física, la prueba tenia un componente de lógica, mental. No podía ser solo físico.
Así que me acerque lo mas que pude, y la estudie, temiendo a cada instante que algún otro descubriera la solución antes que yo. Todos estaban en mis mismas condiciones, despellejados por el ácido, cansados por la larga carrera, y enloquecidos por las visiones de muerte que nos rodeaban. Pero todos queríamos ganar. Allí estaba la meta, y nadie había entrado en ella, todavía.
Era un como un inmenso globo, con paredes durísimas. Mas que paredes parecían campos de fuerza. Muchos intentaban romper la pared a cabezazos, pero no podían. Ví a varios sangrando a los pies de la muralla.
Y me acerque.
Y acaricie la muralla.
Y de repente, se abrió. Y entré. Y solo yo estaba allí. La muralla se cerro, mis hermanos morirían afuera.
Aquí dentro todo estaba tranquilo. Y estaba el premio. Ella.
Lo que te quería decir, a ti que lees esto, y puedes comprenderlo, es que tu también fuiste uno de los ganadores.
Saludos.
 
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Diego Rodriguez
diego@redhumanista.com.ar

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